Las pequeñas y medianas ONGs no comunican

Las pequeñas y medianas ONGs no comunican y, si lo hacen, no invierten muchos recursos en ello. Esta es la conclusión de un estudio elaborado por la organización Fundar que ha analizado la comunicación de ONGs valencianas. Según se desprende la comunicación no tiene un peso importante en las entidades sociales.  Destacable también es el hecho de que en la mayoría de los casos (62%) el o la responsable de comunicación es una persona voluntaria.

Hace unos meses, la asociación con la que colaboro me pidió que realizara un taller de comunicación donde explicara nociones básicas sobre cómo gestionar la comunicación tradicional  y redes sociales. Después de cinco horas explicándoles sobre lo importante de comunicar la visión, la misión y los valores de las ONG, de cómo redactar notas de prensa y hacer una buena base de datos de medios o de cómo gestionar perfiles en Facebook o Tiwitter, al final de la clase llegó el turno de preguntas. Uno de los chicos, asalariado de una ONG, me preguntó: “¿Y todo esto para qué? ¿Qué beneficio directo puede obtener mi organización a través de la gestión de la comunicación?”.

A decir verdad me quedé en blanco, sin saber muy bien qué responder. Yo misma estaba colaborando como voluntaria en una ONG pequeñita y desde el principio me di cuenta que la gran batalla de estas entidades es la financiación de sus proyectos, y eso significa, casi exclusivamente, presentar sus proyectos a convocatorias de subvenciones públicas. Apenas hay recaudación de fondos privados. En esto casos, ¿la imagen de las ONGs repercute en la adquisición de más fondos? Por mi experiencia, he de decir que no. Los Boletines Oficiales del Estado, de las CCAA o las convocatorias de Ayuntamientos establecen claramente un baremo  de puntos, donde se valora la experiencia de la entidad, los proyectos anteriormente subvencionados, etc. y donde la comunicación o la reputación de la entidad no aparece por ningún lado, por lo que es lógico pensar que las ONGs consideren la comunicación como un área que absorbe muchos recursos,entre económicos y humanos, para no obtener beneficio ninguno en forma de más subvenciones para sus proyectos.

Sin embargo, la pregunta de ese chico me llevó a pensar más allá. Las ONGs ciertamente no venden productos ni servicios, pero sí “venden” valores e ideas y además entre muchos de los objetivos de estas entidades se encuentran movilizar, remover conciencias, fomentar la participación y, de hecho, muchas de las convocatorias a las que se presentan es para proyectos de sensibilización. Transmitir valores, sensibilizar, movilizar… todo ello no se puede hacer de otra manera que comunicando. Así que esa fue la primera respuesta que le di al chico que me hizo tan inquietante pregunta.

Pero enseguida encontré otro argumento a favor de la comunicación en las pequeñas y medianas ONGs. Todos somos testigos de que el modelo de cooperación está cambiando. La época dorada de la descentralización de las subvenciones, donde Ayuntamientos, CCAA, Estado, etc. abrían convocatorias se ha acabado. La cooperación ha perdido peso: la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOE) se ha disminuido drásticamente y el Gobierno de Rajoy ha eliminado recientemente la Secretaría de Estado de Cooperación.  Hace unos meses en una mesa redonda organizada por la entidad en la que hago voluntariado, el Director General de Cooperación e Inmigración de la Generalitat Valenciana, Josep María Felip dijo algo así como: hay que ir a buscar el dinero a los que tienen y las administraciones públicas no tienen ni un duro, de todos es sabido.

Las circunstancias del momento auguran que las ONGs van a tener que reinventarse, darle a la imaginación y a la creatividad para sobrevivir. Se va a producir una selección natural de las organizaciones, algo así como el darwinismo aplicado a las ONGs, de manera  que sólo las que mejor hacen las cosas y las que más se busquen la vida en la captación de fondos, no limitándose, por supuesto, a la presentación de proyectos a subvenciones públicas, serán las que sobrevivan y acaparen gran parte de los fondos disponibles.

Es momento de aliarse con las empresas y fundaciones, de buscar socios y donaciones privadas y es en este punto donde la imagen y la reputación de las entidades cobra una importancia crucial. De igual manera que los Recursos Humanos de una empresa buscan el perfil de los candidatos en las redes sociales, los financiadores  y donantes buscarán el rastro de las ONGs en Internet y en los medios tradicionales para saber a quién y a qué proyectos están dando su dinero. Por ello, por muy pequeña que sea la organización y por pocos recursos de los que disponga es momento de comenzar a planificar la comunicación.

A priori puede dar miedo introducirse en este mundo desconocido para muchas ONGs, pero hoy en día se puede hacer mucho con poco, gracias a las nuevas tecnologías y las redes sociales. Sólo queda o reciclarse, o morir.

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