La geografía se aprende viajando

cono del aprendizaje

     En el colegio nunca fui capaz de aprenderme los países que formaban Centroamérica, algo que me parecía increíble teniendo en cuenta de que tampoco son tantos. Nada mejor que viajar para aprender geografía, decía un profesor que tuve. Y así es. Después de vivir casi dos años en Honduras y haber viajado por sus países vecinos, visualizo el mapa de Centro América y casi  América Latina entera con gran facilidad.

La pirámide del conocimiento que acompaña esta entrada pone una base teórica a lo que es el sentido común: las cosas que mejor almacenamos en la memoria son las que vivimos y experimentamos. Sólo retenemos el 10% de lo que leemos, el 20% de lo que oímos y el 30% de lo que vemos. Y, entonces, me pregunto, ¿de qué nos acordamos después de años de colegio en los que la enseñanza se basa en leer lo que pone en el libro, escuchar al profesor y mirar o memorizar gráficos, mapas y cosas por el estilo?

   Qué rabia, ¿verdad? Teniendo en cuenta que somos capaces de memorizar el 90% de las cosas que hacemos y decimos a la vez.

   Lo que parece una batalla perdida en el seno de la educación reglada, no lo es en el ámbito de la Educación para el Desarrollo y esta pirámide nos da indicaciones de hacia dónde podrían ir las actividades que tienen como objetivo fomentar los valores propios de esta disciplina – derechos humanos, igualdad, cultura de la solidaridad y la ciudadanía, empoderamiento y creación de ciudadanía, etc-.

     La Educación para el Desarrollo no debería caer en la misma metodología que ya se aplican en los colegios, sino centrarse en generar experiencias que los estudiantes pueden sentir como suyas, apropiárselas y, por tanto, retenerlas en su memoria a largo plazo.

   En este sentido, las artes son grandes aliadas a la hora de trabajar sobre ciertos valores que queremos promover. El teatro o el cine, por ejemplo, permiten poner al grupo en situaciones diversas, fomentando así la empatía y el entendimiento mutuo. La fotografía, al igual que la pintura, obliga a mirar la realidad con otros ojos y poner el foco de atención en esos aspectos que nos interesan. Las diferentes formas de escritura fomentan la reflexión crítica y la libertad de expresión. Y no olvidemos la danza, una herramienta fundamental para propiciar la confianza y el acercamiento entre el alumnado.

Como dice la pirámide y como promulga la misma Educación para el Desarrollo, se trata de poner a los y las estudiantes en actividad pura. Que pasen de ser sujetos pasivos que sólo leen y escuchan, a que sean los dueños de un proyecto, que aprendan a autogestionarse en grupo, tomar decisiones de manera participativa y perseguir un objetivo común. Estoy segura de que experiencias como estas, nunca se olvida.

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